Decepciones

“No hay una segunda oportunidad para una primera impresión.”
Oscar Wilde

Era un 8 deh octubre cuando fuimos a cenar a Babbo, el restaurante del mediático Mario Batali en Nueva York. Era una fecha especial para mí porque celebraba un cumpleaños de número significativo y llevaba tiempo queriendo conocer aquel restaurante.

La culpa, en buena medida, la tenía Bill Buford y su libro Heat. Después de leerlo, me había quedado con una enorme curiosidad por conocer Babbo y comprobar personalmente aquel restaurante del que Buford contaba tantas cosas. La lectura del libro había hecho que la visita formara parte de esos planes que uno espera poder cumplir algún día.

Cuando llegó la ocasión, Ana se tomó muchas molestias para que la cena fuera realmente especial. Llamó varias veces a Babbo, explicó que era mi cumpleaños, que se trataba de una fecha importante y que me hacía una ilusión especial conocer el restaurante. Incluso pidió a nuestro amigo Ralph, neoyorquino, que se acercara personalmente a Babbo para hablar con ellos. Ralph lo hizo.

Llegamos aquella noche con mucha ilusión y la experiencia comenzó a torcerse desde que nos sentamos en la mesa asignada, cuya ubicación era bastante mala. Y no solamente por las mesas tan juntas que prácticamente podías picar algo del plato del comensal de al lado. El ruido era ensordecedor. Y, pese a todas las llamadas de Ana y a la visita de Ralph, nadie tuvo el más mínimo detalle conmigo por el cumpleaños.

Hasta ahí, podríamos haberlo dejado pasar. Pero lo que no pudimos dejar pasar fue la comida,, absolutamente decepcionante. Habíamos llegado con una expectativa muy alta y salimos pensando que aquella cocina estaba muy lejos de lo que esperábamos encontrar en Babbo. Quizá el hecho de haber leído Heat había contribuido a crear unas expectativas demasiado concretas, pero lo cierto es que la cena no nos gustó n absoluto. El servicio, atolondrado.

Me resultaba difícil de entender que después de todo lo que Ana había hablado con el restaurante y de que Ralph se hubiera acercado personalmente, no habían tenido un pequeño gesto con el cumpleaños.

Años después, Mario Batali dejó Babbo y el restaurante pasó a otras manos. En 2025 fue adquirido por Stephen Starr y volvió a abrir posteriormente. Ya no es aquel Babbo que yo había conocido a través del libro de Buford. Pero tampoco sé si eso cambia demasiado el recuerdo que tengo de aquella noche.

La otra decepción gastronómica importante tuvo como protagonista a Ana y ocurrió en California.

Habíamos organizado un viaje para celebrar su cumpleaños y para ese día reservé una mesa en Nobu Malibu. Ya conocíamos varios restaurantes Nobu: Londres, Nueva York, Barcelona e Ibiza. Sabíamos, por tanto, qué tipo de restaurante era y lo que nos íbamos a encontrar.

Malibu tenía, además, un atractivo que los demás no podían ofrecer. El restaurante está situado sobre el Pacífico, con una terraza espectacular frente al océano. Aunque era enero, aquella noche pudimos cenar fuera gracias a la temperatura de California.

Antes de ir llamé personalmente al restaurante para explicar que era el cumpleaños de Ana y pedir que tuvieran algún detalle con ella en el postre. Hablé personalmente con la relaciones públicas del restaurante, que me dijo que lo dejara en sus manos. Así lo hice, pero se le escurrió entre los dedos…

Llegó el postre y no ocurría nada. Esperé un poco y como seguía sin suceder nada, le dije discretamente al camarero que, por favor, mirara en el libro de reservas si habían anotado que era el cumpleaños de Ana. Le expliqué que había hablado previamente con la relaciones públicas y que me habían asegurado que tendrían algún detalle.

El camarero regresó y me dijo: Sí, es el cumpleaños de la señora. Felicidades. Eso fue todo.

La anécdota del cumpleaños fue decepcionante, pero tampoco habría sido suficiente por sí sola para incluir Nobu entre nuestras grandes decepciones. Lo que realmente nos ha hecho tener esa opinión fue la comida, absolutamente mediocre.

Hemos estado en varios Nobu y en ninguno de ellos hemos encontrado una cocina que, en nuestra opinión, esté a la altura de los precios que se pagan. No digo que se coma mal. Digo que, cuando llega la cuenta, esperamos bastante más de lo que hemos encontrado en el plato.

Nobu se ha convertido en uno de los grandes negocios de restauración y hotelería del mundo. Nobu Matsuhisa, Robert De Niro y Meir Teper están detrás de una marca que hace tiempo dejó de ser únicamente un restaurante japonés, para convertirse en un enorme negocio internacional, con restaurantes y hoteles repartidos por distintos países.

Y quizá sea precisamente eso lo que más se percibe cuando uno entra en uno de ellos: funciona como una gran maquinaria. Todo está perfectamente organizado y el nombre tiene una fuerza enorme, pero nosotros no hemos encontrado en ninguno de los Nobu que hemos visitado una cocina que nos haya hecho pensar que aquello justificaba los precios. Compartir  restaurante con rostros famosos  y más en Malibú, se paga.

Nos quedamos con el Pacífico delante de nosotros y una terraza magnífica.

Son dos restaurantes de los que esperaba bastante más. Babbo por todo lo que había leído sobre él y por la ilusión que tenía en conocerlo; Nobu, porque ya conocíamos la marca y Malibu ofrecía un lugar extraordinario.

No fue así. Y seguramente por eso los recuerdo todavía.

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