“No importa si cambia la estación,
si cambia el siglo, si el milenio es otro,
si aumenta la edad.
Mantén las ganas de vivir. No se llega a ninguna parte sin ellas.”
Fernando Pessoa

Todos los años esperamos con ilusión la llegada de agosto y los días que pasamos embarcados en Okelani con nuestros amigos Cris y Juan, uno de los mejores momentos del año. Pero este verano la emoción y las ganas estaban en su punto álgido, porque íbamos a vivir a bordo, un acontecimiento muy especial: un eclipse total de sol. El 12 de agosto de 2026 llevaba tiempo marcado en nuestro calendario y convertía estos días, que siempre son especiales, en algo todavía más extraordinario.

Tras estudiar minuciosamente, como hace siempre, las previsiones meteorológicas y las distintas posibilidades, nuestro capitán Juan, tomó la decisión de que pasaríamos la noche del eclipse fondeados en Cala Foradada, una de nuestras favoritas, por la magia que desprende. Es raro el año en que no echamos el ancla en ella, para pasar algunos días disfrutando de ese maravilloso rincón.
Las previsiones del tiempo eran muy favorables, por lo que todo hacía presagiar unos días espléndidos. Y lo fueron. Incluso mejores de lo que esperábamos.
Este año, nuestras bajadas a tierra que no suelen ser muchas, se limitaron a una en Puerto Pollensa, y lo hicimos únicamente por la necesidad de aprovisionarnos. El resto del tiempo fue para nosotros, para el mar, para Okelani y para esa forma de entender el verano y la mar que tanto nos gusta.

La noche del eclipse, la cala registró un auténtico “aforo completo”, con algunos vecinos de fondeo que no pasaban precisamente desapercibidos: el Seven Seas, de Steven Spielberg, con sus 109 metros de eslora; el Rising Sun, de David Geffen, con 138 metros; el Dragonfly, de Sergey Brin, cofundador de Google, con 142,1 metros; el Limitless, de Les Wexner, propietario de Victoria’s Secret, con 96,25 metros; y, por supuesto… nosotros.
Fueron diez días de tranquilidad, mar y disfrute. Diez días de esos que pasan demasiado deprisa y que quedarán archivados en nuestra memoria en la carpeta de momentos muy especiales.

Os dejamos algunas de nuestras fotografías de esos días y, en esta ocasión, hasta yo, defensor a ultranza de la literatura, tengo que reconocer que una imagen vale más que mil palabras.
Gracias, Cris y Juan, por permitirnos compartir con vosotros un año más, unos días de un verano imborrable.








