Cada vez quedamos menos…

Vivimos en un mundo globalizado, cada vez más. No seríamos capaces de distinguir la tienda de Zara de Nairobi de alguna de las once de la capital de Perú, Lima o de la ubicada en Gran Vía de Madrid. El primer mundo avanza a tal velocidad, que ya necesita las migajas que habían quedado en zonas del planeta menos favorecidas.

En el año 1982, tuve la fortuna de realizar un stage de verano en la universidad de Berkeley en San Francisco, California. Recuerdo haber visto la película Flashdance, que en España no se estrenaría hasta un año más tarde. Ahora se estrenan las películas en distintos lugares del mundo de forma simultánea, y probablemente la protagonista está en su casa mientras sus avatares, creados con IA, hacen su trabajo por ella.
Velocidad, inmediatez, perentoriedad. Todo pasa de forma vertiginosa!

Revindico la lentitud! El movimiento Slow Life, que lleva un tiempo abogando por la calma, el sosiego, la tranquilidad… Saborear lo que comemos, ver con nuestros propios ojos una puesta de sol (no por la pantalla del móvil), disfrutar de un paseo al lado del mar… son algunas de las cosas que están pasando a la historia y que deberíamos recuperar, esto si, con rapidez!

Según la RAE, la palabra sibarita tiene dos acepciones:
– Dicho de una persona que se trata con mucho regalo y refinamiento.
– Natural de Síbaris.

Siete siglos a.c. Síbaris fue fundada por colonos griegos en la costa de la actual Calabria italiana. La abundancia, el lujo y el confort los distinguían y disfrutaban de sofisticados alimentos en grandes banquetes así como otros privilegios.

Por la situación de la ciudad, empezaron a llegar riquezas abundantes y sus habitantes pronto ostentaron una posición social llena de opulencia, siendo famosos por buscar continuamente el placer, lo exclusivo, lo que les diferenciara del resto. Construyeron fastuosas viviendas y todo era derroche por doquier.

El vino llegaba directamente desde el campo por canales y estaban prohibidos determinados trabajos como el de herreros y carpinteros, por considerar que destruían con sus ruidos la atmósfera dulce y reposada de la ciudad…

Cuentan que, incluso, dormían sobre pétalos de rosa perfectamente dispuestos y, si alguno tenía un pliegue, no podían conciliar el sueño.

Amantes de las artes, enseñaron a bailar a sus caballos al son de la música. Y este, fue el inicio de su fin.
En una batalla contra la cercana ciudad de Crotona, los soldados de esta, acudieron con músicos que comenzaron a tocar en mitad de la refriega y sus melodías confundieron a los caballos enemigos, que dejaron de pelear y comenzaron a bailar.
Síbaris fue vencida, destruida e inundada por los crotoniatas.

Actualmente, apenas puede saberse la localización exacta de aquel mítico reino del placer…

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