Hacer el agosto.

“Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo.
Puedes engañar a algunos todo el tiempo.
Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.”       
Abraham Lincoln

 

La expresión hacer el agosto, aludía antiguamente a la cosecha, al momento en que el campesino recogía en unas semanas lo que le daba de comer todo el año. Hoy, en ciertos rincones de la España turística, ha mutado en exprimir al comensal mientras dura la temporada, sabiendo que la mayoría no volverá a pisar el local ni tiene forma de compararlo con nada.
Nos pasó hace unos días en en el restaurante La Llonja, en Puerto Pollença, Mallorca. Un restaurante lleno, mayoritariamente de extranjeros, con esa mezcla de mesas ocupadas y camareros yendo de un lado a otro que suele ser buena señal. Éramos cuatro, buena mesa y ganas de comer pescado fresco frente al puerto.
Se acerca la camarera. Le preguntamos (después de haberlo intentado con otros cuatro) qué pescado había del día y de qué tamaño. Su respuesta fue tan honesta como reveladora. Nos dijo que salvaje no había nada, que los precios eran tan altos que tendrían que cobrar una barbaridad por ración, así que todo lo que servían era de estero. Un pescado de estero puede tener un coste, más de un 60% menor que uno salvaje. Esa diferencia, en la carta, no se correspondía ni de lejos.

Podríamos haberme levantado en ese momento pero no  lo hicimos. Siempre pienso lo mismo en estos casos: la información está sobre la mesa, si queremos lo tomamos y si no, lo dejamos.
El servicio fue lento. Las dos personas que se acercaron a intentar resolver nuestras dudas sobre vinos y pescados demostraban un desconocimiento notable de lo que estaban vendiendo, aunque hay que decir que fueron amables en todo momento. La amabilidad no sustituye al oficio, pero se agradece cuando todo lo demás falla.

Hacía calor. Pedimos hielo para las bebidas, dos veces. Cuando llegó la cuenta, descubrimos que esos cubitos tenían nombre propio: “cubiteritas con hielo”, facturadas a un euro cada una.
Y luego el alioli. Nos habían servido un pequeño recipiente como aperitivo, gratuito, de bienvenida. Estaba bueno, así que pedimos más, dos veces, para acompañar al pescado. Nos trajeron el mismo recipiente pequeño. En la factura final, cada uno se cobró a 2,40 €.

La cuenta superó los 230 € para cuatro personas. De ahí, 6,80 € correspondían a las cubiteritas y al alioli. No es la cantidad lo que duele. Lo que duele es el gesto de que te cobren el hielo y la salsa que era acompañar el pescado. Es una forma de decirle al cliente que no importa quién sea, que hoy no es un comensal, es una temporada.

No recuerdo si estos dos artículos venían en la carta con su precio correspondiente. Desde luego en la digital, publicada en su página web, no aparecen…

Otro día, comentaremos los precios del agua del grifo filtrada…

Esto no es exclusivo de Baleares, por desgracia. Pasa en cualquier destino donde la afluencia es alta, la rotación de clientela es constante y la reputación, a corto plazo, no parece pesar. El turista extranjero que llena esas mesas rara vez vuelve, rara vez compara, y difícilmente deja una reseña que alguien lea a tiempo. Se hace el agosto con quien no puede devolver el golpe.
Lo dejo ahí, como el título. No es una crítica gastronómica ni una advertencia para que nadie deje de ir. Es solo un relato de lo que pasó, para quien quiera leerlo antes de sentarse a una mesa con vistas al puerto.

¿Te ha gustado este artículo?
Compártelo si quieres...

Déjanos tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

Suscríbete a nuestra newsletter

Ver la Política de privacidad del sitio web.
* FINALIDAD INFORMADA
Responsable: Ana Paredes García
Finalidad: gestionar la solicitud realizada a través de este formulario.
Legitimación: su consentimiento.
Destinatarios: los datos facilitados estarán ubicados en los servidores de Loading (proveedor de hosting de unrinconenelmundo.com) dentro de la UE. Ver la Política de Privacidad de Loading.
Derechos: podrá ejercer sus derechos a, entre otros, acceder, rectificar, limitar y suprimir sus datos, solicitándolo a través de este mismo formulario.